
Historia:
«Las fritillas» era plato obligado en las casas del agro jumillano el día de cocción del pan semanal, de ahí que las mujeres y guardacaseras aprovecharan la ocasión para variar el desayuno fijo y diario de la «gachamiga».
Ingredientes:
(para 12 unidades)
- ½ Kg. De harina.
- ¼ l. de agua.
- 1/8 l. de aceite.
- 60 gramos de levadura.
- 10 gramos de sal.
Elaboración:
Se pone a calentar el agua hasta que está tibia, depositándola más tarde en un lebrillo donde disolveremos la sal y la levadura. A continuación incorporaremos el aceite y la harina, amasando seguidamente hasta elaborar una masa homogénea.
Una vez amasado dejaremos que la levadura haga su efecto fermentando la masa, ésta aumentará de volumen.
Con la masa ya fermentada pondremos abundante aceite de oliva virgen en la sartén hasta que adquiera suficiente temperatura. Es el momento de comenzar a dar formas a las tortas de masa e ir depositándolas en la sartén donde se fríen.
Tomar:
Las fritillas se pueden tomar como postre simplemente espolvoreándolas con azúcar o miel, chocolate a la taza, mermeladas, etc.
Igualmente combinan bien como plato salado y basta con espolvorear un poco de sal sobre ellas. Combinan excelentemente con anchoas, huevo frito, etc. Basta con enrollar la fritilla donde hemos depositado esos ingredientes y tendremos un excelente plato,
Variantes:
Algunas mujeres suelen untar la masa con manteca de cerdo al confeccionar la fritilla antes de depositarla en la sartén. También hay quien no añade aceite a la masa, resultando así esta idéntica a la del pan.
Curiosidades:
Antaño en las casas de campo no se disponía de levaduras preparadas, ni se vendían en las tiendas de ultramarinos para fermentar la masa del pan u otras aplicaciones culinarias, de ahí que semanalmente guardaran un trozo de masa fermentada y sin cocer al que denominaban «creciente» y que guardaban en un recipiente para este menester llamado «crecentera». Esta masa conservaba vivas las levaduras, que vivían a expensas de los almidones de la harina, hasta la semana siguiente en que se depositaba en la nueva masa para hornear, de modo que sirviera de fermento. Algo parecido ocurría con nuestro queso fresco de cabra, las levaduras y bacterias necesarias para el cuajado de la leche (en definitiva otro proceso de fermentación), tampoco se expendían en los establecimientos, por lo que había que guardar «cuajo» o buscarlo allí donde la naturaleza lo ofrece. En nuestro pueblo se obtenían de los intestinos de las reses todavía lactantes, por lo que en las carnicerías ofrecían «cuajo » procedente de dichos animales. En algunas zonas de renombre quesero de Extremadura «Ibores », estas levaduras las obtenían de los estambres de un cardo silvestre. En la actualidad, todo esto ha desaparecido, las levaduras son ahora seleccionadas, producidas, envasadas y vendidas como cualquier otro producto. Existen a la venta levaduras específicas para procesos de fermentación alimentaría tales como lácteos, harinas, vinos, etc.
Recopilada y enviada por:
- Margarita Abellán Abellán